10.04.2008

Basta con buscar una canción en Internet para encontrarse con los llamados archivos "midi", los que a primera vista parecen sumamente atractivos sobre todo porque su peso suele rondar los insignificantes 100 Kb. Sin duda, una cifra muy inferior a los típicos MP3 y que permite una descarga casi instantánea. Sin embargo, basta con reproducir estos archivos para darse cuenta de que no se trata exactamente del mismo tema original. Claro, el usuario inexperto simplemente reproduce el archivo y el resultado es música como ocurre con cualquier MP3 o WAV, pero lo cierto es que tras bambalinas el proceso es totalmente distinto. ¿De qué se tratan estos archivos? ¿Por qué suenan así? ¿Sirven de algo?

Para entenderlo bien desde el principio, el archivo midi es en realidad un SMF o "Standard Midi File", básicamente un archivo desarrollado en algún programa secuenciador y que fue exportado a un formato estándar para poder ser reproducido por cualquier reproductor compatible. Por lo tanto, los datos contenidos son eventos que dan forma a una secuencia midi, es decir, un conjunto de información sobre las notas que hay que tocar, con qué ritmo, qué sonido debe asignarse a cada pista, etc. Como en el fondo son solamente "instrucciones" y no información de audio , el peso del archivo puede mantenerse muy liviano. Pero como consecuencia, para que estas instrucciones puedan ser escuchadas como "música" se necesita un módulo de sonido. ¿Cómo entonces estos archivos suenan en mi computador si yo no tengo ningún módulo de sonido?

El elemento encargado de administrar los sonidos en el computador es la tarjeta de sonido, la que está presente en cualquier computador que quiera reproducir música o sonidos de cualquier tipo. Muchas veces, viene integrada a la placa madre por lo que a lo mejor ni siquiera sabes que tienes una. Bueno, así como está equipada de salida para parlantes y entrada para micrófono, también cuenta internamente con un banco de sonido midi precisamente para reproducir este tipo de archivos. Una buena prueba es reproducir un archivo midi y abrir el control de volumen en la barra inferior derecha del PC. Verás como el control del volumen se realiza mediante el fader MIDI y no con el típico control WAVE/MP3. Además, el panel de control ofrece a través del control "Dispositivos de audio y sonido", la posibilidad de configurar el banco de sonidos que utiliza el reproductor. Así es incluso posible encaminar los datos hacia un módulo de sonidos externo como un teclado, por ejemplo.

Ahora que ya sabemos qué son, debemos entender que la calidad de los archivos midi depende en gran parte de la calidad de la programación. Y aunque hay muchos sitios que ofrecen midis totalmente gratis, también hay sitios pagados donde uno puede exigir calidad en este sentido. Sin embargo, por calidad debemos juzgar la interpretación, la programación y realismo de las melodías, armonías y ritmos que componen un tema, en definitiva, que el tema esté bien "sacado". Es importante no confundir esto con el sonido mismo, pues como ya vimos este depende de la fuente de sonidos que estemos ocupando durante la reproducción.

Una buena colección de archivos SMFs puede ser de gran utilidad para cantantes o instrumentistas solistas que necesitan de una base de apoyo, sobre todo porque al tratarse de secuencias pueden ser manipuladas con total libertad. Claro, usar una base de audio puede sonar muy parecido al tema original pero, ¿qué pasa si queremos cambiar el tono de la canción, modificar el arreglo o cambiar la estructura? El archivo midi es mucho más libre en este sentido, pues basta con editar los datos en un programa secuenciador como Sonar, Cubase o Logic para conseguir resultados.

Otro aspecto a considerar es que los archivos SMF están pensados para ser reproducidos por módulos de sonido que cumplan con la norma General Midi. Esto posibilita que tengan sus sonidos ordenados de una misma forma, asegurando que cada pista va sonar con el instrumento que fue pensado originalmente. Sin embargo, si sabemos cómo usar un programa de edición podemos experimentar cambiando los sonidos o usando sonidos que están fuera de la norma y que aprovechen al máximo las posibilidades de un teclado en particular.

También es recomendable que en algún punto comparemos nuestra secuencia con el tema original. Afortunadamente, siempre va ser posible corregir notas falsas, mejorar la programación, ajustar el tempo y en definitiva, conseguir una base de apoyo perfecta para nuestras necesidades. Finalmente, para reproducir nuestro archivo midi en el escenario tenemos la posibilidad de ejecutarlo como tal, conectado a los teclados, plug-ins o módulos de nuestra preferencia o bien, convertir nuestra secuencia midi a un archivo de audio convencional y olvidarnos de cualquier problema de configuración que se pudiera presentar.

 

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