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10.07.2008
Desde hace tiempo que vemos cómo los notebooks imponen su presencia en la oferta computacional, relegando a los equipos de escritorio a un notorio segundo plano. Sin embargo, aún es cierto que la portabilidad de un notebook no sólo agrega un importante costo extra sino que también dificulta el mantenimiento y acceso a los diminutos componentes internos. En cuanto a sus capacidades de sonido integradas, los notebooks no difieren mucho unos de otros. Típicamente, encontraremos un par de conectores en formato minijack de 1/8" correspondientes a una salida (representada por un ícono de audífonos) y una entrada (representada por un micrófono de aspecto clásico). Pero a pesar de que funcionan perfectamente para las habituales tareas multimedia, pensar en usarlas para producir música de forma seria puede que no sea una muy buena idea. Para ello, necesitas agregar una interfaz de audio dedicada.
La interfaz de audio que necesitamos es un equipo externo que se comunicará con el computador usando ya sea su puerto USB o un puerto Firewire. En este punto, cabe destacar que los puertos Firewire vienen de fábrica en el Mac, pero en el caso de la mayoría de los PCs, necesitan de una tarjeta adaptadora. Una vez instalada, la interfaz de audio se encargará no sólo de ser un centro de conexiones con múltiples entradas y salidas, sino que además tendrá un directo impacto sobre la calidad de sonido de nuestras grabaciones. Además, algunos modelos avanzados ofrecen una serie de funciones extras que facilitarán el proceso de producción y como consecuencia, el rango de precios que encontramos va desde lo muy accesible a equipos realmente costosos.
La instalación de una interfaz no es muy distinta a la instalación de otros hardwares externos. En el ambiente de un PC, lo mejor es bajar de Internet el último driver disponible. Esto es incluso mejor que usar el driver del CD de instalación, el que muchas veces será una versión anterior a la última disponible. Una vez funcionando, las tarjetas USB pueden conectarse y desconectarse con el computador encendido, pero en el caso de las tarjetas Firewire, es necesario conectar la interfaz con el computador apagado. Por otro lado, el ambiente Mac es un sistema sumamente estandarizado por lo que muchos modelos ni siquiera necesitan pasar por un proceso de instalación.
La primera y más evidente diferencia entre una tarjeta de sonido integrada y un modelo dedicado para producción musical es la variedad de entradas y salidas disponibles. Entradas de línea en formato ¼", entrada de micrófono XLR con preamplificadores incorporados, entradas digitales, múltiples salidas independientes y salidas para audífonos dan forma a una larga lista que no sólo se orienta a poder grabar pistas independientes simultáneamente sino también a interactuar con todo tipo de fuentes de sonido y equipos periféricos sin tener que recurrir a ningún equipo extra. Si lo pensamos bien, las opciones estándar de un notebook se limitan a una entrada y salida estéreo, es decir, a un máximo de 2 canales con serias limitaciones. La diferencia es entonces, abrumadora.
Algunas interfases incluso ofrecen conectividad midi, lo que evita el tener que contar con una interfaz midi externa y al mismo tiempo, permite que datos de audio y datos midi se transmitan mediante un solo cable. También cabe mencionar que hay modelos de mixers y controladores midi que también actúan como interfases de audio, aunque generalmente sus capacidades son menos impresionantes.
Tan importante como todo lo anterior es el hecho de que la interfase determina la calidad de sonido, generalmente expresada en mejores especificaciones de ruido, respuesta de frecuencia y una serie de indicadores que nos hablan de un sonido claro, transparente, profesional. Claro, una persona totalmente ajena a la música puede que no capte diferencia alguna, pero a oídos entrenados la diferencia es obvia. El componente determinante aquí son los llamados convertidores análogo-digital y digital-análogo, los que tienen un fuerte impacto en el precio de una interfase. Pero por fortuna, incluso los a bordo de las tarjetas más accesibles son bastante mejores que los integrados de fábrica en el computador.
Finalmente, el rendimiento de una interfase tampoco es un tema menor. Aquí el parámetro clave es la infame latencia. En términos simples, éste es el tiempo que tarda la tarjeta entre recibir un comando del usuario (como el tocar notas en un controlador midi) y reproducir el resultado. Entonces, este factor se torna fundamental al usar instrumentos virtuales. Obviamente, estamos hablando de milisegundos pero para que un instrumento virtual sea "usable" en tiempo real, la latencia no debiera ser mayor a 20ms y ojalá, menor a 10ms.
uchas tarjetas permiten ajustar la latencia, pero siempre debes considerar que menores latencias consumen más recursos del sistema. Además, el ambiente Windows sólo puede lograr bajas latencias usando protocolos como WDM o el popular ASIO pero por fortuna, la mayoría de las interfases dedicadas son totalmente compatibles.
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