04.05.2006

Cinco años después de su última entrega discográfica, Tool está de regreso con “10,000 Days”, una de las placas más esperadas del año. Aquí la banda entona toda su rabia a través de un intenso y oscuro mensaje producto de años de aprendizaje y de provocaciones con un metal denso, pesado y milimétrico.

Por fin tenemos nuevo disco de Tool. Y para todos los que estuvimos años esperando, fue un verdadero parto el hecho de que por fin contamos con el registro para escucharlo, analizarlo y disfrutarlo. Y digo esto porque definitivamente los trabajos de Tool se analizan, no pueden ser digeridos de inmediato, de hecho es casi imposible para oídos “normales”, ya que aunque creamos que nos gustó o no el trabajo a primera escucha, la historia recién comienza y en este caso nos espera un buen proceso de exploración y atención frente a “10.000 Days”, nombre con que fue lanzada la placa y en el que la banda de Maynard James Keenan y compañía despliega todo su misticismo, musicalidad, arrebato y religiosidad bajo la mano de instrumentistas superdotados, creativos y plenamente identificables.

De los contenidos ni hablar, pues de Tool se puede esperar cualquier cosa, menos un despliegue técnico injustificado. Pareciera todo tener una explicación, aunque no muy lógica una definición al fin y al cabo, ya sea proveniente de los números, de la luna, del centro de la tierra o de alguna parte. En esta ocasión, Keenan habla un poco sobre las letras, que tal como explica, fueron un poco más introspectivas que en anteriores labores, en las que se daba el trabajo de entregar un mensaje y crear conciencia sobre ello:

“Pienso que para mí, y esto lo digo sólo a nivel personal, han sido unos años machacantes. Yo como artista, necesitaba ver si expresar mis pensamientos a algún nivel serviría para inspirar a la gente, pues ves como se cae el cielo y sientes que tienes que decir algo. Pienso que anteriores álbumes de Tool, como “Aenima” y “Lateralus”, en el aspecto de letras, tenían esa idea de intentar compartir cosas y buscar un objetivo más elevado -iluminar, este rollo de concienciación global- y todo lo que está pasando hoy día me ha dejado un poquito decepcionado, un poco desencantado. Así que creo que en este álbum he hablado un poco más de mis rollos personales, cosas que necesitaba sacar de dentro. Es un poco cínico y es como venir de un lugar triste. Hay algo de esperanza pero es más una vuelta a lo básico del rock and roll, expresando una gran tristeza desde las entrañas”.

ero, además de las letras parcialmente cambiadas de giro, la banda también reconoce un trabajo más duro que en épocas anteriores, y considerando que en Tool muchas veces la música se trabaja de una forma completamente paralela a la voz, los músicos tienen mucho que decir: “Hemos estado escuchando mucho a Meshuggah, -cuenta el guitarrista Adam Jones- veo mucho de ellos en nosotros y tienen una cara muy progresiva y experimental. Ahora, tampoco creo que sea ‘muy bien, ahora vamos a tocar como Meshuggah’ si no más bien, ‘¡Oh Dios mío!, eso salió como Meshuggah’”.

Dany Carey por su parte, también tiene algo que decir respecto al filo de esta nueva entrega: “Tenemos al presidente más retrasado que nunca hayamos tenido y estamos frustrados. Esa es la razón por la que el disco es un poquito más heavy esta vez. Es ese nivel de frustración parecido al que teníamos cuando empezamos la banda. Éramos productos del puto rollo de Reagan, estábamos decepcionados y de malas pulgas, teníamos esa rabia, y ahora vuelve a aflorar. Guste o no, somos producto de nuestro entorno. Estamos decepcionados de nuevo”.

Y aunque esperamos cinco años para tener de vuelta a Tool, la producción de “10.000 Days” fue concentrada en tan solo un año, debido a los innumerables proyectos individuales de cada uno de los integrantes. Y entre tanto riff, virtuosismo y tensión, pareciera que se dejó entrever en algún momento, la tremenda influencia que Pink Floyd ejerce sobre el cuarteto, aunque sin duda a lo que más se parece Tool en esta entrega es a ellos mismos.

Y a pesar de los cambios mencionados, además de la transformación de Keenan en composición y ejecución, si alguien espera un Tool nuevo, renovado y reinventado, se enfrentará más bien con el clásico estilo y sonido del cuarteto, un rock refinado, trabajado y pulido, preciso, certero, milimétrico, en el que no pueden faltar los interludios ni las pausas envolventes, de las que no se puede prever su final. Con temas de una duración impensada para la radio, con segundas lecturas que ofrecen la oportunidad de apreciarlo de diferentes formas.


 

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