30.03.2006
En su tercera visita a nuestro país,
Deep Purple, demostró que el talento y el oficio están
por sobre la edad y la décadas de trayectoria.
Tras siete años de intensa espera y
uno que otro contratiempo, Deep Purple, regresó a Chile
a exhibir ese talento que los transformó en íconos
e inmortales del hard rock. Con una impecable puesta en escena,
calidad interpretativa y solidez musical, el quinteto inglés
deleitó a los más de 12 mil fans que se dieron cita
en el Estadio Nacional. Una noche cargada de nostalgia, que abrió
sus fuegos con “Picture of Home", clásico de
la banda, incluido en su legendario álbum “Machine
Head”. Una razón más que suficiente, para
desatar la algarabía descontrolada por quienes no visitaban
nuestro país hace siete años.
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Y estaba claro, tanto Ian Gillan (voz), Roger Glover
(bajo), Steve Morse (guitarra), el endorsado Paiste Ian Paice
(batería) y Don Airey, literalmente la “rompían”
sobre el escenario, el cual, manejaron de manera perfecta a lo
largo del show. Sin embargo, aunque sus más acérrimos
detractores opinen lo contrario, Purple, no sólo vive del
recuerdo. La velada sirvió de oportunidad para presentar
su más reciente trabajo, “Rapture of the Deep”,
de la que se extrajeron cortes como “Wrong Man”, “Before
Time Began” y el tema que le da título al trabajo
en cuestión.
El resultado que fue una respetuosa aceptación
del público, quienes a esa altura exigían los inmortales
del grupo, quien dicho sea de paso, no transó en su propuesta
artística, actuando con el profesionalismo que les caracteriza
y les ha otorgado el sitial que hoy ostentan. Pero al ambiente
estaba caliente y había que hacerlo reventar. El primer
apronte de la ebullición fue con “Ted the Mechanic”,
que fue seguido con pasión con un público que pudo
apreciar el virtuosismo del excelente Steve Morse.
Después,
quizás el punto más alto de la noche. Ian, no estaba
para dar más sorpresas y lanzó a la parrilla lo
más selecto de su repertorio. La armónica en la
introducción, nos anuncia que “Lazy” está
por sonar en medio de un estruendo generacional que se hizo sentir
en masa en el coliseo deportivo. Un clásico que fue coreado
a todo pulmón, y que sirvió de aperitivo a las siempre
vigentes “Perfect Strangers”, “Smoke on the
Water”.
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Esta
última, desató la locura en lo que fue un verdadero
carnaval de rock y buena vibra. Cuando hay tipos con feelling
en el escenario, es imposible que la fiesta carezca de emoción.
Así fue, y nadie lo pudo desmentir, cuando los acordes
de Morse dan la pauta para a un “Highway Star”, que
fue cantado de principio a fin, lo que se unió a la emoción
de ver a una de las bandas más influyentes en la historia
del rock. Asimismo, durante el show hubo espacio para los solos
de guitarra, batería y teclado, que dieron rienda suelta
a la maestría de Morse, Paice y Airey, respectivamente.
De hecho, el primero en cuestión, se dio tiempo para interpretar
algunos pasajes de Led Zeppelin. Para el final quedó una
perfecta ejecución de “Black Nigth”, la que
dio el punto final a una jornada redonda, memorable e imperdible.
Si bien, “Strange kind
of woman” y “Woman from Tokyo”, clásicos
del quinteto, no fueron incluidos en la presentación, la
noche del 25 de marzo quedará en la retina de quienes estuvimos
presentes en este show.
A casi cuarenta años de su formación,
y más de una veintena de discos editados, Deep Purple demostró
que aún el rock puede ser honesto. La tecnología
no hace a la música, Gillan y compañía lo
sabe, puesto que lo que vimos sobre el escenario fue un oficio
y calidad, que hoy por hoy, entre tanto charango, política
y parafernalia, se extraña… gracias Purple.
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