13.03.2008
Todo hacía prever que el show de Iron Maiden del pasado 9 de marzo alcanzaría ribetes históricos, no sólo por el clásico set list que estaban presentando, sino por todo el fervor provocado por la anunciada venida de la Doncella y que agotó las entradas a dos meses de su actuación. Y no sólo en Chile, pues el resto de Sudamérica y el mundo también había sido contagiado por esta fiebre que amenazaba con no parar, al menos, hasta saciar completamente la sed por ver a Maiden en vivo.
Desde temprano se supo que todos los presagios se harían realidad. La gente se agolpaba en las afueras de la Pista Atlética del Estadio Nacional y el ambiente ya se calentaba. Más aún, Radio Futuro anunciaba que, en un hecho inédito, transmitiría el recital en directo, tal como si se tratara de una gran final deportiva, otorgándole al evento la importancia que merecía. gran acierto.
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El arranque fue en la ciudad de Concepción, el 28 de febrero pasado. Las primeras notas de los teloneros locales Peter Ron sirvieron para darle un poco más de onda al ambiente Pero antes de llegar a lo esperado por los 30 mil fans que repletaron el recinto, había que pasar por el teloneo de Lauren Harris, la hija del bajista de Maiden Steve Harris, quien no logró calentar el ambiente con su propuesta pop rock que para nada estaba acorde con el público asistente. Sólo basta recordar la venida de Iron Maiden junto a Rob Halford, para saber lo que significa un acto de apertura de calidad y que, de todas maneras, deja al público aún más encendido.
Pues bien, después de 30 minutos de música, todo estaba dispuesto para la salida del acto estelar y con ello la devoción del público. Todo se encendió aún más cuando comenzaron a sonar los primeros acordes de 'Aces high' y ya cuando escuchamos '2 minutes to midnight' se notaba que esto iba en grande.
'Revelations', 'The Trooper' y el excelente momento -uno de los mejores- con 'Wasted Years' no hicieron más que emocionar a una audiencia que abarcaba varias generaciones y que disfrutaba con cada uno de los clásicos que por décadas han acompañado a los amantes de una de las mejores y más importantes bandas de heavy metal de todos los tiempos.
 Surgía la intro de 'The Number of the Beast' y la algarabía era máxima, más aún al cerciorarse de que la banda se mantiene en gran forma. Las tres guitarras de Murray, Smith y Gers sonaron como un cañonazo; el bajo de Harris sonaba claro, definido y punzante; la batería de McBrain no daba respiros y la garganta de Dickinson nos hacía retroceder 20 años en el tiempo sin problemas. cómo canta y de qué forma llena el escenario con una puesta en escena monumental. Y más aún, se dio el tiempo para conversar con el público, presentar las canciones y prometer que para la próxima visita de la Doncella , el lugar escogido sería el coliseo central del Estadio Nacional. imperdible.
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La archiconocida 'Run to the Hills' fue coreada sin medida por el público y 'Rime of the Ancient Mariner' se alzó como una de las joyas de la jornada. 'Powerslave' fue sencillamente matadora y 'Heaven Can Wait' nos remató en el suelo. Acercándonos hacia el final del show, llegó una tripleta de proporciones protagonizada por 'Can I Play With Madness?', 'Fear of the Dark' y 'Iron Maiden', que cerraba una primera parte magnífica y que, por supuesto, contó con la presencia del gran Eddie, esta vez en formato cyborg -imperdible los momentos en que Murray y Gers juguetearon con la enorme criatura- y con algunos fans que cumplieron su sueño y subieron al escenario a cantar con la agrupación.
Después de un breve intermedio y con menos fervor de parte del público para llamar al grupo, Iron Maiden volvió al escenario con 'Moonchild', una de las canciones que los fans más agradecieron de este set list. 'The Clairvoyant', sin duda, fue otro regalo para los asistentes que repletaron el estadio y, para finalizar, 'Hallowed Be Thy Name' se alzó como uno de los momentos más intensos y de mayor calidad de un show que, en ejecución, no tuvo puntos bajos.
Ahora bien, siempre podrán quedar algunas personas disconformes con el set list, pero no hay duda que lo que se escuchó el pasado 9 de marzo, fue un pedazo importante de la historia de esta banda y del heavy metal. ¿Puntos en contra? Tal vez se esperaba un sonido aún más fuerte y poderoso y una escenografía un poco más producida (aunque de todas formas los telones de fondo hacían lo suyo), pero en el balance general quedará en la retina de los 30 mil espectadores de haber asistido a un show histórico, irrepetible y definitivamente memorable.
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