El arranque fue en la ciudad de Concepción, el 28 de febrero pasado. Las primeras notas de los teloneros locales Peter Ron sirvieron para darle un poco más de onda al ambiente de un público que esperaba con ansias la salida de los músicos. Claro, no son muchas las ocasiones que en ciudades alejadas de Santiago llegan bandas de esta envergadura y los 10 mil espectadores que colmaron el Estadio Municipal de la ciudad así lo hicieron sentir.
El set list fue el mismo que venían interpretando en el resto de su gira latinoamericana, a excepción de 'Sometimes I feel like screamin'' que fue improvisada en uno de sus shows en Brasil, y fue el mismo que interpretarían en Santiago. Pero nada de eso importaba, tampoco que el listado de canciones fuera demasiado similar al de sus dos presentaciones anteriores o que cortes como 'Speed king' o 'Fireball' no fueran incluidas, porque lo que se vivió en estas dos presentaciones fue un fervor pocas veces visto en una banda que ya es de la casa.
El inicio se dio con 'Picture of home', una verdadera bomba extraída del clásico "Machine Head". En ambas ciudades la reacción fue la misma, una explosión que acompañó al grupo a lo largo de toda la canción y que se mantuvo expectante en 'Things I never said" de su último trabajo "Rapture of the deep" e "Into the fire" del "In Rock". Concepción enloquecía y en Santiago, a pesar de las 3 veces que la banda ya ha venido, la cosa no era muy distinta e incluso un fan burló toda seguridad para subirse al escenario y abrazar a un asustado Ian Gillan (este hecho se repetiría más adelante, pero esta vez el 'jugado' fanático sería controlado por la seguridad del recital).
Pero Deep Purple aún tenía energías. 'Hush' con solo de Ian Paice incluido y 'Black Night' con todo el público, en ambos conciertos, coreando a más no poder el clásico riff de entrada, fueron el corolario ideal para dos noches que, definitivamente, no pasarán al olvido con facilidad. Primero, porque la ciudad de Concepción no está del todo acostumbrada a recibir este tipo de visitas y los fans y la organización cumplieron a cabalidad. y en segundo término, porque en Santiago no importaron sus shows anteriores ni que ésta fuera la sexta actuación de Purple en Chile, pues el público se comportó como si fuera la primera vez, invadidos por el espíritu de un Deep Purple que se niega a morir. larga vida a los amos del hard rock.