04.04.2008

La sola presencia de Ozzy Osbourne como número principal de una nueva versión del Monsters of Rock, el pasado 1 de abril, auguraba una verdadera y desenfrenada fiesta, donde miles de espectadores se rendirían ante la grandeza del más grande de todos, el padre del heavy metal, el único príncipe de las tinieblas.

Pero la jornada no sólo incluía al gran Ozzy. Aunque no necesita de mayores aderezos, la participación de Black Label Society y Korn sirvió como un complemento ideal para un espectáculo de primer nivel y lleno de buen rock. De esta manera, los primeros en aparecer -tras la presentación de Árbol que fue recibida con desgano y algunas pifias de los espectadores- fueron Black Label Society y Zakk Wylde que, con sus monstruosos Marshall a sus espaldas y todo su talento en la guitarra, sirvió como un espectacular aperitivo para lo que vendría después. aunque claro, la juvenil fanaticada de Korn se vio más que sorprendida ante el estruendoso arranque de estos demonios del rock.

Acto seguido y luego de algunos minutos de espera, Korn salió al escenario y con ello el júbilo de una audiencia más que numerosa que se dejaba llevar por uno de los maestro del nu metal. Así, cortes como 'Right Now', 'A.D.I.D.A.S', 'Coming Undone', Faget', o 'Somebody Someone', fueron bien recibidos por sus seguidores -que no eran pocos-, pero aburrieron a la sección más radical del público que aprovechaba cada silencio para hacer sentir su desencanto con tibios gritos de: "Ozzy, Ozzy, Ozzy".

Sin embargo, el show de los norteamericanos se desarrolló sin inconvenientes, aunque claro, podemos decir que la puesta en escena del grupo no es la misma de aquella banda que nos visitara hace algunos años. Musicalmente correctos, la segunda actuación de Korn en Chile distó mucho de ser un imperdible y estuvo muy lejos de romper los tímpanos o azotar las cabezas de los 20 mil asistentes a la Pista Atlética del Estadio Nacional.

Una vez finalizado el show de Korn, comenzó una especie de recambio de público. Quienes estaban adelante disfrutando de los norteamericanos comenzaron a retroceder y verdaderas hordas de metalheads avanzaban y luchaban para asentarse en las primeras filas. En ese contexto se apagaron las luces y las pantallas comenzaron a mostrar una serie de hilarantes videos donde aparecía Ozzy haciendo graciosas parodias a series como Lost, Los Sopranos, Piratas del Caribe e incluso teniendo un jocoso encuentro sexual con la Reina Isabel.

Acto seguido, 'O Fortuna', la sección inicial de "Carmina Burana", nos indicaba que el 'madman' estaba a punto de salir a escena. Y cumpliendo el sueño de muchos chilenos, el gran Ozzy entró al escenario, enteramente vestido de negro, con lentes oscuros y un vistoso cintillo descargaba una potente versión de 'I don't wanna stop', sencillo de su disco de 2007 "Black Rain".

La potencia entregada machacaba las cabezas y la euforia era incontrolable, mientras en las primeras filas los empujones, codazos y hasta asomos de peleas condimentaban un show demoledor. el clásico 'Bark at the moon' ponía las cosas más calientes aún, mientras que 'Suicide solution' y 'Mr. Crowley' seguían llenando de clásicos la jornada, con sendas versiones, un Ozzy en plena forma vocal, con Zakk Wylde maravilloso en la guitarra y una base batería - bajo sencillamente fenomenal.

Pero Ozzy no vive sólo de clásicos y también da espacio a su nuevo disco. Y "Black Rain" tuvo su espacio con 'I'm not going away', que fue el preludio ideal para una monstruosa 'War pigs'. Por ello cuando llegó 'Crazy train', la locura era extrema y nadie podía creerlo.

El solo de Zakk Wylde, a mi juicio, fue un tanto fome y sólo para satisfacer el ego del guitarrista (y claro, para que Ozzy descanse), a quien, sin duda, prefiero ver demostrando sus dotes en el contexto de una canción. Pero después de algunos interminables minutos de solo, Ozzy volvió con la imperdible 'Iron man', la exquisita balada 'Road to nowhere', 'I don't know', 'Here for you' y 'I don't wanna change the world' que no hicieron más que enardecer más a un público que, a esta altura, no podía más de la emoción.

Ozzy y su banda salían del escenario y el público no se hizo esperar para pedir la salida del 'madman'. Así, el cantante volvía a escena para despacharse la grandiosa 'Mamma I'm coming home' y un clásico de clásicos. 'Paranoid' que fue un cierre apoteósico y magistral, con todo el sello de Ozzy Osbourne y su potente banda.

El balance general es absolutamente positivo y no hay duda de que este show se alza, de entrada, como uno de los mejores del año. Ozzy se mostró sumamente activo y cantando sumamente bien, fiel a su estilo y lleno de energía. y aunque el público pedía a gritos 'Perry Mason', la banda se despidió bajo una auténtica ovación que, sin duda, los 20 mil espectadores y el propio Ozzy, no olvidarán por largo tiempo.


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