30.11.2006
Conocido por su trabajo junto a Mandrácula y su labor como sesionista de cantantes de diversos estilos como Luis Jara, Alberto Plaza o Pablo Herrera, Miguel Pérez suma importantes experiencias a la hora de hablar del instrumento y los diferentes tópicos que topan a los músicos de profesión. Claro, porque con años de recorrido en el circuito de la música popular, Miguel es voz autorizada para hablar sobre los vaivenes a los que se pueda ver enfrentado un artista y más aún, uno que ha tomado las cuatro cuerdas como su vida.
Hoy, Miguel Pérez combina su tiempo como docente de la Escuela Moderna y Projazz, con su labor como director musical de Pablo Herrera, su inacabable labor junto a Mandrácula y diversas participaciones como sesionista de lo más heterogéneo del circuito de artistas chilenos. El propio Miguel complementa: “También trabajé harto tiempo con Luis Jara, en su programa de televisión, con Alberto Plaza he hecho reemplazos, Douglas, Cecilia… el resto son pegas, pero estable y contratado por años he estado con Pablo y Luis. Con el resto de los artistas he tocado porque estoy en el medio y de repente necesitan a alguien que toque con un determinado cantante”.
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Por ello, y ante la posibilidad de grabar o tocar algo con músicos de diferentes tendencias, Pérez aclara que la formación musical se he hecho algo imprescindible para desarrollar de buena forma su labor: “Es esencial, porque esto no es estilístico, no es ser especialista en un género. Es ser bajista de música popular al final, es lo que te toque grabar. Yo he registrado discos hasta con Palmenia Pizarro”, acota.
Por todos sus pergaminos y como usuario Ibanez en sus modelos SR3000 y el que es su instrumento de cabecera actualmente, el DWB1, modelo signature del bajista de Living Colour, Doug Wimbish, es que conversamos con Miguel Pérez, para conocer algunos detalles de su actual momento y su trabajo como músico de sesión… adelante…
¿Cómo ves la dicotomía que se produce entre trabajar como sesionista con diversos cantantes y tu labor en el rock?
“Es que el rock es una búsqueda por otro lado, es hacerlo como un escape personal. Cuando yo me metí en esto nunca pensé en estudiar bajo para acompañar cantantes y grabarles discos. Lo hice porque me gustaba el rock y de repente tocó que estudié música y tenía un nivel y la pega misma me empezó a llamar, más que yo me haya inclinado por esto. De repente no te das cuenta y estás en esto… el trabajo te va dirigiendo y ya cuando tienes cierta edad y familia, las decisiones no son tan individualistas; y las mías van por el lado de la estabilidad en el tiempo y lo del grupo de rock era el escape. Ahí era patear, saltar, romper cuerdas. Igual hubo épocas bien extrañas, porque tocaba y me molestaban, sobre todo en la época del Cuanto Vale el Show que se veía todos los días, donde me gritaban o cantaban algunas cosas para fastidiarme (risas). Igual había otros que eran más respetuosas de la cosa rockera y que no le gustaba que uno tocara otras cosas, verme en La Batuta pelando el cable y después en un video con Pablo Herrera… pensaban que era un fraude (risas), pero al final es una cosa de la pasión por tocar, toda la música tiene su pasión y el rock es una gran descarga de energía”.
Esto mismo hace que se vaya dejando un poco de lado al rock…
“Lo veo todos los días, acá estoy lleno de alumnos que persiguen lo mismo que quería yo. Hay muchos que quieren ser famosos y tener una banda de rock, pero estamos en un país con un mercado muy pequeño, entonces la especialización te cuesta caro. Puede haber uno o dos nombres que logren sobrevivir. Pero, por ejemplo, en grupos de rock son pocos los que pueden hacerlo, Chancho en Piedra, La Ley, Los Tres… y músicos solistas para el lado del jazz, es peor, hay un montón pero que terminan dando clases, lo mismo pasa con el rock”.
Y eso se hace más difícil en un grupo de rock más duro como Mandrácula…
“Creo que Mandrácula pudo haber despegado, pero los mismos músicos que estábamos adentro conspiró… Hay dos cosas, el asunto sobresalió por nuestro nivel, porque éramos de cierta edad y experiencia profesional, por eso decían que nosotros hacíamos cosas que no realizaban otros grupos, pero eso tenía un costo de edad y el hecho de que estabas involucrado en otro trabajo, no éramos como los cabros de 18 ó 20 años que a lo mejor tienen todo el tiempo para ensayar, pero aún no tienen el nivel. Entonces era raro, pues la gente que tiene el nivel no se arriesga a hacer un grupo de rock, porque hay que invertir años para ver si es que te resulta, sin siquiera saberlo”.
¿Cómo fue en el caso de ustedes?
“A nosotros nos pasó que de repente nos llamaban para tocatas y no podíamos ir porque yo o Cristóbal (Rojas, baterista) andábamos de gira y cosas así; todos hacíamos muchas cosas… si esto hubiera pasado diez años antes y hubiéramos tenido la energía, nos habría ido la raja, porque lo que nos faltaba era eso. Nos gustaba tocar, pero la cosa de producir el grupo, no. Nunca buscamos una tocata, todo nos llegó sin quererlo, pero tal vez si hubiésemos dirigido más la cosa, estaríamos tocando en Argentina o algo así. Pero se fue dilatando, se empezó a volver monotemático porque Pancho (Rojas, voz de Mandrácula) componía y si alguien no tenía ideas, asumía no más. De ahí fue decantando”.
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¿Y ves posibilidades de un tercer disco?
Estamos pololeándonos. Lo que pasa es que nunca ha terminado la amistad. Pancho tiene nuevos temas que quiere que trabajemos, me los manda por mail y ahí hay que verlos. Podemos aprovechar un poco la tecnología para hacerlo, pero estamos en eso. Igual la ultima tocata en La Batuta estuvo increíble, creo que tocamos los dos discos completos, y eso te alimenta mucho más”.
Cambiando de tema… en tu labor como docente ¿cómo ves las nuevas generaciones de bajistas?
“A la gente que estudia harto le digo que traten de irse para afuera, ya Argentina tiene un mercado más grande y México aún más. Acá el techo de las cosas está muy cercano, porque por ejemplo el gran escenario para los jóvenes es tocar en La Batuta, y eso está ahí no más, muy cerca. Poner un tema en la radio es difícil y eso desmotiva un poco, quizás cuando Internet llegue a un nivel en que la gente que controla el mercado no tenga acceso y el público pueda elegir, la cosa sea distinta. Cuando no dependamos de una programación que está a cargo de alguien que viene de México que es dueño de 8 radios y otro de España que es propietario de otras 8 más y que quiere poner Luis Miguel y cosas así, está muy controlado esto”.
¿Tienes otro proyecto ligado a las canciones que presentaste en la final del concurso de bajistas hace poco?
“Ese es el proyecto de mi disco solista. Ahí me he dado muchas vueltas, porque no sabía qué quería grabar, algo que me representara realmente. Fue una búsqueda interna hasta decidir cómo querían que me vieran, porque podría tocar de diversas formas pero no soy así, es decir podría inventar un producto. Pero al final llegué a la conclusión que tenía que ser algo entre funky y rock, con bajo solista, melódico. Ahí estoy haciendo la música imaginándome un poco el resultado, qué quiero que la gente sienta cuando yo toque el tema, si quiero que se baile o cabecee. Hubo una época en que lo hice más intelectual, en piano componía los acordes, algo más difícil, pero me di cuenta que no era lo que quería y que prefería que le gustará a la gente común y corriente”.
¿En qué etapa del proceso vas?
“Voy en la mitad, en las vacaciones de invierno hice los primeros 5 temas y ahora en las de verano lo voy a terminar. Lo estoy haciendo con mi señora que es cantante. En principio lo iba a ser instrumental, absolutamente como cabeza de bajo, pero quiero que sea un proyecto medio familiar y que ella cante, así que estoy tratando de buscar el equilibrio con el bajo, que es un instrumento de acompañamiento, y que tenga su rol principal y no pierda cuando esté la voz. También estoy pensando en el show, que la gente vaya y no sólo escuche puro bajo, porque podría estar punteando una hora y media, pero eso no sirve…. Estoy buscando el equilibrio donde cada instrumento tenga su protagonismo, lo que me hace más largo el camino. Creo que lo voy a lanzar la primera mitad de 2007”.
En este sentido, ¿cómo defines la participación del bajo en cada canción? ¿Más presencia o al servicio del tema?
“Cuando tenía 21 años era mi duda y creo que fue mi peor época, porque siempre trataba de que el bajo tuviera un protagonismo aunque la música no lo necesitara. Ahora, a los 36, me doy cuenta que son las mismas canciones las que dicen si tiene protagonismo o no. Uno no lo puede imponer, porque suena mal. La canción es la que lo va a necesitar o no. Como si el baterista de AC/DC hiciera breaks como el de Dream Theater en ‘Back in Black’… ya no sería lo mismo y el tema perdería. Ahora con la experiencia y mi labor en la música popular, en que he hecho conciertos de una hora donde el bajo hace lo mismo que el bombo, me doy cuenta de estas cosas”.
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