BJORK “DEBUT”
1993 ELEKTRA


29.01.2004

Encontré la inspiración que me faltaba para hacer este artículo cuando vi en un canal del cable un reportaje sobre un tipo que desarrolló tal obsesión por Bjork que, además de intentar fallidamente matarla mediante una carta bomba, terminó matándose a sí mismo, dejando de paso una serie de videos caseros que mostraban el desarrollo de su particular perversión, según él, para su “estudio posterior”. Después me di cuenta que, quizás, uno de los mejores conciertos que he visto en mi vida fue el que marcó la última visita de esta pequeña islandesa a nuestro país. Mi principal recuerdo de aquel evento es uno sólo: la voz y omnipresencia de Bjork como epicentro de una avalancha de modernidad y electrónica mezclada hábilmente con la tradición propia de una sección de cuerdas. Creo entonces, que hay motivos suficientes para elevar a Bjork como una artista que ha realizado innegables aportes a la evolución de la música.

Hoy revisamos el que fue su primer disco en solitario tras la disolución de su ex banda Sugarcubes y que pareciera haberse concebido con la filosofía de llevar la experimentación sónica a la pista de baile, situando como elemento central de esta ecuación a su brillante y expresiva voz. La imagen propuesta por Bjork resulta como la de un “pequeño alienígena”, y entendemos perfectamente las pasiones que terminó despertando. Y es que su voz no tiene parangón: en momentos se desliza por las notas con suavidad, en otros se vuelve brusca y gutural, mientras evidencia siempre lo profundo de la vulnerabilidad y pequeñez humana.

Somos muchos los que vemos en Bjork a una artista excepcionalmente creativa y talentosa, que no tiene problema alguno para pasar de un circuito undergorund experimental a otro de masividad mundial. ¿Que no es talentosa? Recordemos que su primera incursión como actriz terminó reportándole un premio en el Festival de Cannes por el film “Dancer in the Dark” (Bailarina en la Oscuridad). Para bien o para mal, Bjork diría que jamás la veremos nuevamente como actriz.

Pero la historia de Bjork Gudmundsdottir se remonta a su infancia en Reykjavik, Islandia, al criarse en el seno de una comunidad hippie donde el culto musical era un elemento cotidiano. Su carrera comenzó tempranamente al grabar “Bjork”, el que, en estricto rigor sería su primer disco a los precoces 12 años. Desde entonces circuló por varias bandas entre las que se incluyen Tappi Tikarss y Kukl, antes de llegar en 1986 a la que sería la agrupación que impulsaría su carrera, los Sugarcubes. En esa época quedaba claro que Bjork era una estrella independiente y a esa altura ya contaba con una importante legión de fanáticos. En 1992, Sugarcubes se disolvió y Bjork se concentró entonces en concebir junto al productor Nelle Hooper lo que sería “Debut”, su primer disco de esta etapa adulta y causa principal de su inmediato e intenso romance con la crítica y el público.

“Debut” consiste en 11 tracks, todos compuestos por Bjork y de los cuales destacaron a nivel mundial los singles “Human Behaviour” y “Venus as a Boy”, ambos secundados por increíbles videos llenos de creatividad y tecnología, que por supuesto hicieron la delicia de los MTV maníacos de la época. En general, los temas de “Debut” van desde los que son sutiles y calmados, hasta los sorprendentemente fuertes y frenéticos. Además, no es sorpresa el mencionar que el disco evidencia influencias tan eclécticas como tecno, jazz, electrónica, música clásica y blues.

El track que da inicio al disco es el éxito “Human Behavior”, un verdadero collage de paisajes musicales. Comenzando con suaves timbales y la calidez del canto de Bjork, este tema combina elementos tribales y rústicos con la simpleza y fácil escucha de una canción pop. Su instrumentación es en su mayoría de carácter rítmico, pero aún así, es obvio que la ya mencionada voz de Bjork aparece como un elemento central que transmite una tormenta de emociones, impregnando de magia a este track.

“Big Time Sensuality” también conoció el éxito masivo de la mano de su aroma tecno dance. La voz de Bjork aquí aparece casi como un elemento secundario entre tanta textura sintética. Al final de la pista, cuesta creer que tales guturales voces provengan de una mujer de la contextura de Bjork.

“Debut” también nos presenta temas que comprueban que el álbum no esta diseñado sólo para conquistar MTV. “Crying” es donde la voz de Bjork suena más etérea, en un ambiente casi new age inundado de experimentación en sintetizadores y generación de ruidos.

Otro punto importante es el track de aroma reggae “Venus as a Boy”, que transmite en música y sobre todo en el video, la imagen más inocente y vulnerable de la artista. Por último, cabe destacar otros temas del disco que denotan el gusto de Bjork por el jazz y su concepto de experimentación que le es propio. No por nada, “Debut” ofrece el standard “Like Someone in Love” con la importante participación de un instrumento del que Bjork hace uso extenso en toda su discografía, el arpa. Por otro lado, se permite hacer un corte entero sólo con su voz y armonías en saxo en “The Anchor Song”. Definitivamente, “Debut” dejó a Bjork en una privilegiada posición que hasta hoy en día merecidamente conserva.

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