Corría 1971 y los que hace un poco más de un año seguían respondiendo al nombre de The Beatles, ya habían publicado sus respectivos discos de solistas, tras el traumático proceso de separación de la banda más importante de la historia de la música.
En ese ambiente de expectación mundial, en el que se esperaba un nuevo álbum beatle cada ciertos meses, aparece uno de los mejores discos post Fab Four que se han hecho hasta ahora, junto a gemas como “Band on the run” de Paul Mccartney y “All things must pass” de George Harrison. Se trata de “Imagine” de John Lennon. Un álbum que funde la ironía y el desenfado de su etapa primaria, con los sonidos emocionantes y las canciones nostálgicas de su carrera en solitario.
Tal como lo venía haciendo desde la última etapa de la banda de Liverpool, recibió la importante colaboración y coproducción del controvertido productor Phil Spector, quien trabajó palmo a palmo con Lennon en la construcción de cada track de este trabajo, grabado casi íntegramente en el estudio personal del músico, entre bosques y paisajes naturales.
El disco comienza con ‘Imagine’, la obra cúlmine del Lennon solista y activista político y social. Una canción que cruza la frontera de la música, tomando una relevancia distinta a la de una simple canción de rock. Una balada nostálgica, simple y sincera que resume en gran medida la cosmovisión de un artista que fue más allá de la simpleza de las guitarras y tambores rocanroleros.
Le sigue ‘Crippled inside’, un track rockero y sucio que sirve de contraste y lo logra de gran forma. Tras ese número, vuelve la nostalgia, pero ahora a través de una hermosa canción de amor en donde Lennon desnuda su amor por Yoko Ono. ‘Jealous guy’ es de esos temas que calan en lo más hondo, independiente de los sonidos o el virtuosismo, pues es el desgarro y la genuinidad de una voz conmovedora es la que lo llevan otro nivel.
‘It’s so hard’ vuelve a poner al rock en el tapete y posteriormente ‘I dont wanna be a soldier’ se mete de lleno en el activismo político, estableciéndose en contra del militarismo típico del primer mundo de la época. ‘Gimme some truth’ suena provocadora e indesmentiblemente tiene un tufillo a su anterior súpergrupo, quizás porque sus primeras maquetas datan de las sesiones de “Let it be”.
En la sincera ‘Oh my love’ comparte créditos con su esposa Yoko Ono y en ‘How do you sleep’ es nada menos que George Harrison quien participa con su inconfundible guitarra slide. Es esta canción la que causa mayor controversia, pues es una descarnada respuesta a su anterior media naranja creativa Paul Mccartney quien había hecho algunas referencias burlonas acerca de él en su disco Ram. Lennon responde de una manera que raya en lo cruel, razón por la que algunos años después declaró sentirse arrepentido.
Por último, la contemplativa ‘How’ y la juguetona ‘Oh Yoko’ terminan de conformar un disco muy variopinto, quizás el trabajo que más representa a John Lennon con todas sus caras, el sarcástico, el rocanrolero, el político, el enamorado y el nostálgico. Un gran trabajo de uno de los artistas más importantes de la historia, imperdible ahora que hace unos meses cumplió cuarenta años.
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