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Chile
posee un arsenal de enormes magnitudes en materia de nombres y apellidos,
que tienen relación a músicos de elite. Insertos en
amalgamas de estilos que satisfacen todos los deseos ocultos del
exigente oyente que realiza colas interminables en las afueras de
algún local que decide acogerlos para apadrinar sus punzantes
y deliciosos sonidos.
Podríamos hacer un listado de estos seres que, con gracia
y dominio, logran darle vida a sus creaciones, pero, lamentablemente
-y es cierto- no alcanzaría el espacio.
Dentro
del mundo quimérico que encierra a bateristas, bajistas,
vocalistas y guitarristas, existe uno que resalta con honores del
listado ya mencionado.
Hombre
grande -tanto en mente como en don- de melena lisa negra que cubre
la mitad de su rostro cuando en plena tocata se digna a realizar
un amado y temido headbanger. De contextura sólida y hombre
de la Cuarta Región. Se ha hecho conocido en la escena nacional,
no solo por ser el encargado de llevar la jineta de primera guitarra
en un de las bandas más consagradas en materia que a rock
concierne. Massacre lo incluyó entre sus filas, y lo reclutó
a tal nivel, que ahora, después de un largo silencio, René
Mondaca aparece más fuerte e invensible que nunca al momento
de empuñar su hacha Ibanez RG, que ha sido gestora de las
más diversas y pesadas creaciones de mano de la mente de
Mondaca.
Pese
a que su apariencia puede resultar intimidante -en una primera impresión-,
René es un hombre sabio, lleno de alternativas empíricas
que se han incrustado en su norte de vida.
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Su
mano izquierda ha recibido la influencia tácita de gente
con apellidos Friedman, Becker, Murphy, y también, la gran
ayuda que le brindó el hijo putativo de Van Halen, Vito
Brata, de quien (Mondaca), aprendió la sutileza y precisión
de los taps, y el gusto por crear bases armónicas alegres
en sus ratos de libertad condicional que le ofrece su banda.

Para
qué hablar de la rapidez que ofrece su mano izquierda,
lugar que presta sus servicios para realizar los más diversos
sweeps que se puedan hacer.
Guitarrista
innato, de la escuela de la vida, ésa que adopta al interesado
y lo acompaña hasta el final, René ha sabido utilizar
su talento y con ello, darle prestigio a las seis cuerdas de los
grandes llamados: Massacre.
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