Pena,
es una palabra que no debería emplearse jamás para
asociarla al arte, menos, en relación a la música;
el problema, es que muchos utilizamos dicha palabra en forma de
cuchillo de dos filos, y la pronunciamos de buena forma cuando el
arte en cuestión, no nos toca ni nos molesta, pero cuando
llega el momento en que necesitamos vivir del arte y sobretodo,
la música, esa palabra llega a darnos pena.
Hay
quienes se vanaglorian escupiendo al cielo palabras y estructuras
gramaticales preciosas con un solo fin: taparle la boca a
sus superiores u ocultarle la verdad al proletariado. Esa
verdad que ellos no dicen y que la camuflan con artimañas
y tácticas de poca hombría, son cuado en frente
de micrófonos lanzan poéticamente que el arte
en Chile va bien encaminado, que se están creando más
lugares para aprovechar el talento desperdiciado de jóvenes
músicos, o que se creará un ente especializado
en dicha materia, sabiendo que cuando el Presidente de la
República solicitó la votación de dicho
proyecto, casi ningún parlamentario acudió al
Congreso. Esa falta de convicción, apoyo y valentía,
nos demuestra que nuestros hombres de leyes son los malditos
verdugos que nos amputan miembros importantes para poder desarrollarnos;
nos amputan la visión de compañerismo y nos
arrebatan la dulzura de seguir y arremeter contra lo establecido.
Si
nos ponemos a pensar, de manera fría, nos daremos cuenta
que en diez años se han creado nulas instancias para
desarrollar nuestros talentos; las municipalidades creen que
por donar una par de guitarras están aportando su grano
de ayuda a la música nacional. Eso es malo, por no
decir "penoso", y nos afecta a todos, no simple
y directamente a los músicos, sino que nos arrebata
las alas de crecimeinto artístico cultural que todos
poseemos incrustadas en nuestras espaldas.
Cómo podemos darnos cuenta de este fenómeno
enfermizo y decadente: poniéndonos a pensar cuántas
salas o teatros existen actualmente en el país que
puedan acoger a bandas, músicos solistas, artistas
callejeros, actores y toda la amalgama de arte que brota de
las bermas y calles capitalinas.
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Tenos
el Gran y precioso Teatro Municipal, Teatro Oriente, Teatro Providencia,
Estadio Víctor Jara y Teatro Monumental. Se han puesto a
pensar que son muy pocos y que el único que se mantiene limpio
en todo sentido es el Municipal.
Estos son motivos bastante importantes para estar molestos y desagradados
con nuestros gobernantes. Vamos y cambiemos las cosas pidiendo lo
que nos pertenece, pero no de una manera grotesta, sino con fundamentos
respetuosos que hablen por sí solos.
Ayudemos a la música, ya que solo no puedo.
Rock on.............................!!
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